El ultraje aquel
Recordarán los lectores de EL Cronista que en uno de nuestros números pasados nos ocupamos de un ultraje que según los informes recibidos había sido cometido por las autoridades americanas en la persona de unos mexicanos, habiendo sido éstos despojados de unas propiedades que tenían en un rancho llamado Nogales situado cerca de Los Ángeles. Con ese motivo interpelamos a La Crónica ,para que se sirviera decirnos lo que había de cierto sobre este particular, y después de algún tiempo de silencio el colega citado contesta de la manera que adelante copeamos (sic)Omitimos los comentarios , porque los dejamos a conciencia del imparcial lector; pero no podemos menos de expresar nuestra irreprimible indignación, porque de la manera que han sido despojados estos pobres compatriotas nuestros, lo fueron en general todos los que eran dueños de los terrenos que sirvieron de motín a los conquistadores del 49.Dice así el colega:
“Pedimos mil perdones a nuestro amable colega El Cronista de San Francisco, por no haber antes cumplido nuestro propósito de satisfacer su interpelación acerca de los pobladores de San José de los Nogales, desposeídos por auto de las Cortes, y víctimas , como otros, de su buena fe y la corrupción de sus abogados. Los datos que siguen ,los debemos al Hon. Antonio F. Coronel, quien nos los ha suministrado.
“Por los años de 1836 o 37 fue concedido a José de la Luz Linares el terreno conocido por San José de los Nogales y el Pedregoso, por el Gobernador J.B.Alvardo. Se le dio posesión jurídica y se cumplió con todos los requisitos que prevenían las leyes de aquella época , poniendo mojoneras y marcando sus límites con éstas y con linderos naturales.
“En 1840 ó 1841 se les concedió por el mismo gobernador a los Sres. Julián Workman y Juan Rowland el terreno de La Puente, al cual después de todas las diligencias respectivas se le fijaron sus límites así al E.a los ya marcados de San José de los Nogales.
“Linares vendió en porciones su terreno a varias personas y familias, que se establecieron allí y mejoraron el terreno con casas y huertas a la vista de los propietarios del rancho de La Puente; y éstos no sólo los consideraron legítimos dueños , sino que les noticiaban de las recogidas de caballada y rodeos de ganado donde cada dueño de rancho tenía que defender sus límites por pertenecerles las potrillas o becerros orejanos que tenían que marcarse cada año.
“Se dio la Ley que todos los dueños de ranchos presentarse sus título ante la Comisión y después ante las Cortes de los Estados Unidos. Los ocupantes del terreno de Linares presentaron título ante la dicha Comisión y los dueños del rancho de La Puente el suyo, sin indicar entonces que se consideraban con derecho a los terrenos de San José de los Nogales.
“ Los negocios tenían que seguir cierto curso para obtener la patente y los dueños de terrenos de los Nogales encargaron su negocio al abogado Brown, conviniendo en cierta cantidad hasta recibir la patente. Confiados en este abogado descuidaron su negocio hasta que vino la patente del rancho de La Puente, abrazando la mayor y mejor parte del rancho de los Nogales.
“Enrique Hancock fue el diputado por el Agrimensor General para medir y reconocer los linderos de ambos ranchos y tomar todas las medidas. Fueron citadas todas las personas que conocían las mojoneras y linderos de dichos ranchos, algunos de ellos como autoridades que habían dado la posesión jurídica. Los dueños o representantes de La Puente concurrieron y quedaron conformes , sin haber indicado que se consideraban con derecho a tal terreno; el Agrimensor quedó conforme con todos los límites que se le habían enseñado y nadie mencionó alguna cosa contraria a aquellas medidas o linderos ( siendo yo uno de los que concurrieron a enseñar los linderos para conocerlos bien)
La ley prevenía que había cierto tiempo para hacer objeciones ante el Agrimensor General, si los interesados no eran conformes con lo practicado por el diputado Agrimensor; y como los dueños de los Nogales tenían el negocio en mano de su abogado no se fijaron o no supieron esta circunstancia. En mi opinión el abogado de acuerdo con Hancock maliciosamente descuidó el negocio, así es que después de varios años y muerto el tal abogado, los de La Puente obtuvieron la patente y despojaron a los que han vivido allí como cuarenta años, pues los poseedores son los hijos o nietos de los primeros compradores.
“Ante las personas que conocen bien el negocio , no importa que sea una falta de observancia de cierta conducta de la Ley, los autores de ese despojo han cometido el acto más injusto e ignominioso que se registra en los trámites judiciales, pues no comprendo cómo la Corte de equidad no pudo tener efecto en este negocio.
“Los dueños de los Nogales ocuparon abogados para defender sus derechos; pero al fin de tiempo y gastos de dinero han perdido sus propiedades y algunos han quedado en la más comleta miseria”
( EL Cronista, San Francisco, Cal,9-VIII-1884,pág.2)

Población Extranjera y la Colonia Española
( De El Progreso de Nueva Cork)
Nueva York es un índice de la humanidad; un arca más grande que la de Noé donde viven muchísimas parejas de hombres y mujeres y también de animales. Si hubiese otro diluvio ,con tal de que se salvase la ciudad imperial no se perdería ninguna especie ni género; quedarían elementos bastantes para repoblar el mundo en poco tiempo. En esta moderna Babel se hablan todos los idiomas del mundo y se da culto a Dios bajo todas las formas modernas, mporque hasta a la religión alcanzan la invenciones; aquí hay partidarios de todos los sistemas, de todas las escuelas, de todas las creencias y de la negación de toda creencia.
La más numerosa de todas las colonias extranjeras es la irlandesa. El que observe el número de hombres y mujeres que Irlanda vomita todos los días y recorra luego Inglaterra y las posesiones inglesas, tropezando con Patrick por todas partes, se figurará que Irlanda ha quedado despoblada; mas si va luego a la Isla Verde se convencerá de que los irlandeses están tan espesos allí como mosquitos en New Jersey. Nadie ama más a su país que el irlandés y ninguno abjura tan pronto su nacionalidad como él. EL día que salta en tierra se hace ciudadano y al otro día deposita su voto en la urna, si hay elecciones. De esta manera los irlandeses de Nueva York son un factor de gran consideración. El político de profesión que no le pasa la mano a Patricio y no le convida a tomar la otra ,nunca conseguirá empleo. Los irlandeses son los que hacen aquí los trabajos más rudos y son los que más rudamente hacen trabajar a la policía. Ellos son el sostén de la iglesia católica y de los salones de bebidas. Celebran un bautismo con borrachera mayúscula, un casamiento con otra superlativa y un entierro con una ídem de non plus ultra .Para despertar de la turca se aplican recíprocamente un chaparrón de coces y trompadas, habiendo no pocos que al volver a casa matan la mujer para probarle que ellos son los amos, considerándose mansos corderos aquellos que se contentan con tirarla por la ventana o aplastarle el cráneo con lo que tienen más a mano. Tal es , hablando en general, el carácter del irlandés, habiendo muchas y muy honrosas excepciones. Sus virtudes principales son la generosidad y la honradez. Esto también tiene sus excepciones, pero no puede decirse que sean honrosas.
Bismark llena de gloria a la Alemania, pero la vacía de alemanes. Después de los irlandeses constituyen los súbditos del rey Guillermo la colonia extranjera más numerosa de Nueva York y más rica y más unida. También estos tiene gran influencia política, aunque sin tomar empeño particular en ella como los irlandeses .La ocupación principal de los alemanes consiste en hacer lager beer,vender lager beer y beber lager beer Es cosa digna de verse un garten del Bowery. Cientos de familias sentadas cada una a su mesa y provisto cada individuo de un vaso, se pasan horas oyendo la música y echando trago tras trago del brebaje nacional. Allí están el padre, la madre, los hijos, la criada y el niño de pecho, todos bebiendo. El alemán no lleva el perro y el gato, porque no son ni alemanes, ni bastante civilizados para beber lager .Desde que se inventaron los blindajes los judíos de esta nación se dedicaron a hacer tabaco y se necesita una garganta blindada para fumarlos. Los suicidios aumentan en proporciones de los puros que ellos elaboran. Otros importan rama y muchos la revenden ,saliendo siempre revendido el comprador. Los demás se dedican a traficar y a empeñar joyas.
Los italianos principiaron a emigrar en gran escala durante los últimos años y han debancado a los irlandeses en trabajos de calles y ferrocarriles, a los irlandeses en los puestos de frutas y a los muchachos yanques en el oficio de limpia-botas .Patricio y Grimaldi son aquí dos rivales que se odian íntimamente. Si aquel no consigue que se prohíba la importación de gente italiana como se prohibió la de chinos, los irlandeses tendrán que ser todos empleados o rebajar sus pretensiones y renunciar a la pipa y al whiskey
Hasta hace poco tenían los irlandeses el monopolio de lavarnos la ropa sucia, pero no bien se presentó Juan Chino en la arena, Brígida dejó de ser la reina de la batea.
La raza escandinava viene ahora como una avalancha y así como en otro tiempo los bárbaros del Norte inundaron la Europa, éstos inundan los Estados Unidos , pero no Nueva York, pues siendo gente de campo tienen el buen sentido de irse a las fincas del Oeste y no pegarse aquí como el irlandés.
Los franceses, que tanto han contribuido a la asimilación de Nueva York con otras poblaciones de Europa forman la colonia menos asimilable con el país. Muchos de ellos pasan aquí años y años sin aprender el inglés, comen en francés , visten y calzan en francés y viven y mueren a la francesa. Ellos son los que han introducido al arte culinario, antes desconocido, los bailes de máscaras con sal francesa; el vino español disfrazado con agua de Francia y por último las modas y el can-can .Un cocinero , un sirviente, una niñera, una modista, un negro que se con tal que no diga que es hijo o hija de la bella Francia, aunque naciera en Irlanda, no sirve para nada.
Cerraremos esta revista a vuela pluma con la colina española, incluyendo en ella todos los que hablan castellano.
Nos parece que el español al llegar aquí contrae el vicio de trabajar ,enfermedad que no le acomete tan fuerte en su clima natal. Cábenos la satisfacción de decir sin que el amor de raza nos ciegue, que la colonia española puede servir de ejemplo a cualquier otra. Desde el joven que pasa los días sentado a una mesa haciendo trabajos hasta el comerciante que recibe y despacha buques, hay un amor tal al trabajo y una honradez tan acrisolada que pueden envanecer a cualquiera. El tabaquero, por ejemplo , que en otras partes es mirado como un vago de oficio y un petardista de profesión, puede parangonarse aquí con el operario más honrado de cualquier nacionalidad que sea. Y sólo por esa honradez y ese amor al trabajo se puede explicar cómo muchos que hace pocos años eran simples operarios o dependientes han llegado a poseer grandes fábricas o casas de comercio respetables. De todos los comerciantes de nuestra raza hay pocos que hayan venido aquí con grandes capitales, la mayor parte de ellos pueden decir que todo se lo deben a sí mismos; que el crédito que han adquirido en este vasto mercado debido es a su honrado proceder en todas las transacciones.
Una quiebra de casa española es tan rara como el abandono de la familia.
La colonia española además de muchas fábricas de gran crédito y numerosas casas de comisión en casi todos los ramos, cuenta con establecimiento de todas clases. Hay periódicos políticos, industriales y de educación, entre los primeros Las Novedades ,que publica una edición diaria y otra semanal; tenemos tres hoteles ,El Español, El Recreo y El Imperial, además de muchas casas de huéspedes; hay varias sociedades de beneficencia y de socorro mutuo, boticas, zapaterías, sombrererías, etc. Y a ser los de la raza española tan amigos de protegerse las unos a los otros como los franceses o los alemanes, mucho mejor papel pudiéramos hacer entre las colonias extranjeras.Nuestro defecto más capital es la desunión. Aplaudimos lo ajeno y criticamos lo nuestro .Pero,¡qué críticos, gran Dios! No nos parecemos al artista que examina una obra para descubrir, su mérito y sus faltas: somos al anatómico que hace la autopsia del cadáver de una mujer hermosa para enseñarnos todo lo que hay de repugnante en el interior. Cierto es que tratamos de elevar al quinto cielo a nuestros hombres grandes; pero eso lo hacemos después que se han muerto; mientras viven nos esforzamos en hundirlos. Y lo que hacemos con los grandes lo hacemos con los chicos.¿Seremos acaso envidiosos?
Como la enfermedad está en la masa de la sangre difícil será curarla con tinta. Nuestro consejo al que crea valer algo es que se muera. La medicina parecerá amarga,pero hasta ahora no ha habido quien la pusiera en píldoras azucaradas.
( El Cronista, San Francisco, Cal 26-IV-1884,pág.3)